La renta fija puede ayudar a obtener ingresos más previsibles y a planificar objetivos con una fecha determinada. Ofrece un amplio abanico de opciones para distintos plazos y perfiles de inversor, por lo que seleccionar los bonos y gestionar sus riesgos es fundamental para aprovechar sus oportunidades.
Estas diferencias centran la conversación entre el economista Juan Ramón Rallo y Agustín Bircher, director de Inversiones de Santalucía Asset Management. Una charla que permite entender las oportunidades de este mercado y por qué la gestión activa puede marcar la diferencia al seleccionar a quién prestar, a qué plazo y a qué precio.
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A quién está dirigida la renta fija
“La oportunidad hoy está en el lado del inversor activo”, señala Bircher durante la conversación, con especial atención a la zona euro. Los tipos de interés más elevados permiten encontrar bonos con remuneraciones que resultaban difíciles de obtener durante los años de tipos próximos a cero o negativos.
¿Para quién puede tener sentido? El CIO apunta a “todo inversor que tenga una fecha” para un objetivo. Por ejemplo, dar la entrada de una vivienda o estar a punto de jubilarse. Es decir, que prevea necesitar su capital en un horizonte temporal no muy lejano. Ciertamente, reconoce que, para periodos de acumulación, la renta variable ofrece una rentabilidad potencialmente superior, pero dado que históricamente las bolsas han transitado por ciclos de caídas significativas, para un inversor que necesita el capital en una fecha concreta “no es recomendable que invierta todo su patrimonio en renta variable”.
Bircher, no obstante, pone el foco en aquellos ahorradores que tienen su dinero en cuentas corrientes sin percibir ningún tipo de remuneración y viéndose afectados por la pérdida de poder adquisitivo por la subida de la inflación. Los últimos datos del Banco de España indican que más de un tercio del ahorro financiero de las familias está en cuentas y depósitos bancarios. Y recuerda que existen productos conservadores en renta fija que “compensan parcialmente” esa erosión.
Renta fija no significa rentabilidad fija
Comprar un bono consiste en prestar dinero a una empresa o a un Estado bajo unas condiciones. Sin embargo, conocer los pagos previstos no garantiza que se cumplan ni que el precio del bono permanezca estable.
Uno de los riesgos es el de tipos de interés. Si aparecen nuevos bonos que pagan más, los anteriores resultan menos atractivos y su precio suele bajar. Si los tipos disminuyen, puede suceder lo contrario. La duración mide esa sensibilidad: cuanto mayor sea, más puede variar el precio ante cambios en los tipos.
Bircher lo explica comparándolo con un piso alquilado. Si se fija una renta durante muchos años, el propietario tarda más en poder adaptarla a las nuevas condiciones del mercado. Algo similar ocurre al comprometer el dinero en un bono a largo plazo.
El segundo riesgo es el de crédito: que el emisor tenga dificultades para pagar. Una rentabilidad elevada puede reflejar una mayor probabilidad de problemas. También los Estados presentan distintos niveles de solvencia; prestar a un país no equivale a hacerlo a cualquier otro.
Por qué el ‘piloto automático’ no funciona en renta fija
La gestión pasiva busca reproducir el comportamiento de un índice; la gestión activa, por el contrario, selecciona inversiones mediante el análisis. En fases alcistas, replicar un índice bursátil da buenos resultados al inversor, pero esa lógica de indexación no tiene el mismo efecto en los bonos.
¿Por qué el ‘piloto automático’ sí funciona en renta variable? Al seguir el comportamiento de un índice, pongamos el S&P 500, participamos de los resultados de muchas empresas. Y si unas pocas, como es el caso de las grandes tecnológicas, crecen de forma extraordinaria, nos beneficiamos. Por eso, dejar fuera a grandes ganadores puede penalizar mucho una cartera de bolsa.
En cambio, en un bono, los cobros contractuales están delimitados. Si la empresa prospera mucho más de lo esperado, no tiene que compartir todo ese crecimiento con sus acreedores. Si incumple, estos sí pueden sufrir pérdidas importantes. Por tanto, seleccionar bien los emisores adquiere especial relevancia en renta fija.
La segunda diferencia está en la construcción del índice. En aquellos ponderados por deuda en circulación, los mayores emisores son quienes tienen más peso. Eso no significa que quien emita más sea necesariamente menos solvente. Significa que el peso responde al volumen de deuda, no a una selección de las oportunidades más adecuadas para el inversor.
Además, los emisores eligen cuándo financiarse y a qué plazos. Cuando los tipos eran muy bajos, muchos aprovecharon para emitir a largo plazo. Los índices incorporaron esa deuda y aumentaron su sensibilidad a posteriores subidas de tipos. Seguirlos implicaba aceptar ese cambio.
Bircher lo resume así: “Cuando estás invirtiendo en gestión pasiva, están tomando la decisión por ti. Son los emisores los que deciden qué es lo que vas a comprar. Y, además, deciden en contra de tu interés”.
¿Cómo puede aportar valor la gestión activa en renta fija?
Un gestor activo puede analizar la solvencia de los emisores, comparar bonos y decidir si la remuneración compensa el riesgo. También puede ajustar la duración, dentro de la política del fondo, en lugar de asumir la que resulte del índice.
El director de Inversiones aporta un ejemplo: “Cuando estaban los tipos bajos, nos pusimos en el tramo corto y cuando estaban altos nos fuimos alargando”. Esa capacidad de adaptación permite gestionar la exposición ante distintos escenarios, aunque no garantiza acertar siempre.
El mercado de bonos tiene otra particularidad: sus participantes persiguen objetivos diferentes. Los bancos centrales actúan por razones de política monetaria; las aseguradoras necesitan cubrir compromisos futuros y los bancos deben atender exigencias de liquidez. Esas necesidades pueden generar oportunidades para gestores con otros mandatos.
Aprovecharlas requiere estudiar la economía, las cuentas de las empresas y las condiciones legales de las emisiones. La gestión activa tiene valor cuando ese trabajo se traduce en una relación adecuada entre rentabilidad y riesgo, después de costes.
Alineación de intereses
Hay otra razón de peso a favor de la gestión activa en el caso de Santalucía AM y es la alineación de intereses con el grupo al que pertenece la gestora. La aseguradora es un inversor más dentro de los fondos. Esto significa que Santalucía Seguros comparte inversiones con el resto de los partícipes y tiene interés en que la gestión de esas carteras obtenga buenos resultados a largo plazo.


