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Behavioral Economics o cómo el cerebro humano toma las decisiones financieras

Behavioral Economics: El Cerebro toma las Decisiones Financieras
Salud Financiera | 21 octubre, 2019
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El Behavioral Economics, también conocida por economía conductual, es una disciplina que tiene como finalidad predecir la actuación económica de las personas, así como la influencia de estas actuaciones en los mercados.

El Behavioral Economics, también conocida por economía conductual, es una disciplina que se viene desarrollando en los últimos años y que ha resultado ser de gran ayuda a la hora de predecir el comportamiento del cerebro en el mundo de las finanzas.

Mediante el estudio psicológico de las tendencias cognitivas, emocionales y sociales del ser humano, los expertos han desarrollado toda una ciencia cuya finalidad es comprender de una forma más adecuada la toma de decisiones financieras por parte de las personas y cómo estas pueden afectar al mercado. Esta disciplina se desarrolla sobre los cimientos de otras ciencias como la neuroeconomía, que combina la neurociencia con el estudio de la economía.

El cerebro humano cuenta con circuitos neuronales que, basados en la experiencia (sesgo) o en tendencias sociales, facilitan el aprendizaje y, a su vez, construyen preferencias. Disciplinas como el Behavioral Economics tratan de predecir, basándose en estos factores, la elección del cerebro en materia económica. Los campos de estudio de esta elección se centran básicamente en el uso de la racionalidad o la falta de ella en el momento de la toma de decisiones.

Cómo nace la economía conductual o behavioral economics

Richard H. Thaler, economista estadounidense galardonado con el Premio Nobel de Economía 2017, es conocido junto con otros expertos como el padre de esta disciplina. Las investigaciones de esta ciencia demuestran que las personas toman decisiones económicas que no siempre se basan en la lógica y que entran en juego variables psicológicas que se desvían de la conducta económica racional.

La economía pretende desarrollar modelos de comportamiento en las interacciones del ser humano en los mercados pero también debe tener en cuenta que las personas nos comportamos de formas complejas. Nuestras capacidades cognitivas son limitadas y también nuestra fuerza de voluntad. Solemos preocuparnos por nuestro interés propio pero, en ocasiones, factores como la equidad, la motivación o el autocontrol también juegan un papel fundamental en nuestra toma de decisiones.

La investigación conjunta en el campo de la economía y la psicología ha detectado desviaciones sistemáticas del comportamiento racional humano presupuesto por la economía neoclásica.

Richard H. Thaler lleva estudiando este comportamiento desde la década de los 80 donde destaca la publicación de su primer artículo “Hacia una teoría positiva de la elección del consumidor”. De este modo la desviación en el comportamiento racional, los problemas de autocontrol o las preferencias sociales se vuelven factores determinantes en el estudio de la conducta humana en materia económica.

Algunos comportamientos destacables investigados por esta disciplina son:

1. La contabilidad mental (mental accounting): esta teoría explica cómo los mecanismos cognitivos limitados afectan al gasto y al ahorro. Las personas tienden a tomar decisiones económicas más fragmentarias que integrales. La mayoría de las personas agrupan sus gastos en categorías (vivienda, vehículo, alimentación…) y, como resultado, obtienen cuentas mentales separadas. Cada cuenta tiene su propio presupuesto y su punto de referencia ya que, la misma cantidad de gasto se valora de forma diferente en función de la categoría. Esto hace que las personas no sean “capaces” de analizar  su economía de una forma integral o completa lo que puede desembocar en  decisiones financieras erróneas.

2. El efecto de equilibrio (break-even effect): aunque las personas tienden a ser reacias al riesgo, los estudios demuestran que también pueden incurrir en actividades peligrosas para su economía como, por ejemplo, los juegos de azar. Las ganancias se colocan en una cuenta “aparte” a la de gastos y existe una tendencia adicional para este comportamiento de riesgo basada en la posibilidad de recuperarse pronto de una pérdida anterior (sabiendo que se recibirá una entrada de dinero próxima en el futuro).

3. Autocontrol limitado (limited self-control): consumir más hoy (y cubrir necesidades) debería significar consumir menos mañana aunque esto no siempre sea así. Esta hipótesis falla con el llamado “sesgo del presente” como ocurre, por ejemplo, cuando el usuario se encuentra con el “descuento hiperbólico”. Al yo del presente le gustaría ahorrar para el futuro pero el yo del futuro prefiere no implementar ese plan y dejarse llevar por el “inconsciente” de ese momento.

4. El modelo planificador-hacedor (the planner- doer model): según esta teoría, una misma persona cuenta con dos perfiles; el planificador y el hacedor. El planificador tiene visión de futuro y se preocupa por la maximización de beneficios mientras que el hacedor se preocupa más por la “utilidad actual” del momento. Este modelo sugiere un conflicto entre los diferentes “seres” que conviven de forma simultánea. En estos casos el planificador puede “forzar” al hacedor a reducir el consumo mediante reglas autoimpuestas. Esta “fuerza de voluntad” es vista como “resistir a la tentación” aunque sea a costa de un “precio” psíquico. Las características del individuo determinarán la eficacia del planificador sobre el hacedor de modo que la misma circunstancia puede arrojar diferentes resultados en función del sujeto.

5. Preferencias sociales (social preferences): normalmente se presupone que el individuo actúa en interés propio pero, en ocasiones, se pueden dar situaciones orientadas por una corriente social. Circunstancias como la equidad, la igualdad o el bienestar de otras personas pueden influir en las elecciones económicas de los individuos reflejando distintos resultados.

Estos son, entre otros, algunos de los aspectos fundamentales que analiza la economía conductual o Behavioral Economics teniendo en cuenta los impulsos, decisiones no racionales o circunstancias propias de cada individuo y que, como comentamos anteriormente, tiene como finalidad predecir la actuación económica de las personas así como su influencia en los mercados, más allá de los patrones tradicionales propuestos por la economía neoclásica.

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