Agustín Bircher, director de Inversiones, hace balance del segundo trimestre de 2026 en la nueva Carta Trimestral.
En mi carta del primer trimestre les hablaba de una geopolítica que alteraba las coordenadas del mercado. El segundo trimestre ha demostrado que importa menos anticipar los acontecimientos que descifrar los incentivos que los mueven, y que el mercado aprende rápido a leer la retórica que los acompaña.
Perspectivas macro
Entramos en el trimestre con la prudencia que exige un conflicto de esta magnitud. El punto de inflexión llegó cuando la Administración estadounidense dejó entrever que buscaría un acuerdo, pese a su creciente debilidad estratégica y bélica. El descontento ciudadano por el encarecimiento de la energía y la presión del calendario electoral resultaron decisivos. El mero anuncio de la intención negociadora bastó para que el mercado empezara a comprar el inicio del fin, y nos llevó a incrementar riesgo en las carteras.
El preacuerdo de mediados de junio contribuyó a normalizar el flujo de crudo por el Golfo y llevó al Brent a retroceder desde máximos de 120 dólares hasta los niveles previos al conflicto, en torno a los 70 dólares por barril. Los activos de riesgo recuperaron terreno, los diferenciales de crédito se estrecharon y los tipos de interés a medio y largo plazo se relajaron, pese a la decisión del Banco Central Europeo de subir el tipo de referencia en 25 puntos básicos.
Sin embargo, no conviene confundir tregua con paz. Los primeros días de julio están mostrando la dificultad de alcanzar un acuerdo permanente entre una Administración estadounidense errática y un poder atomizado en Irán. La falta de una autoridad monolítica en Teherán no solo dificulta identificar al negociador legítimo, sino que compromete la seguridad jurídica de cualquier acuerdo posterior.
Lo notable es que el mercado está absorbiendo esta segunda ronda mucho mejor, al interpretar la beligerancia como táctica negociadora. Aun así, nuestro escenario base es de desgaste prolongado, con riesgos de cola abiertos. En este contexto, seguimos evitando las apuestas binarias y compramos riesgo por asimetría, pero no confundimos lo táctico con lo estructural.
La desescalada también frenó el deterioro del cuadro macroeconómico, si bien los cuatro meses de conflicto ya suponen una revisión del crecimiento previsto para este año de cuatro décimas a la baja (del 1,2% de diciembre al 0,8% de junio) y de 1,1 puntos al alza en la inflación (del 1,9% al 3,0%). Además, ese crecimiento es dispar: frente a la desaceleración industrial alemana, destaca la resiliencia de España e Italia. En este contexto, el BCE suavizó su tono restrictivo y prevemos que la Fed mantenga los tipos sin cambios en 2026.

Renta fija: hacia el crédito corporativo
En renta fija, ante unos diferenciales ajustados que remuneran de forma limitada el riesgo asumido, mantenemos una gestión activa y una construcción de carteras orientada a diversificar las fuentes de retorno. Combinamos así posiciones flotantes en titulizaciones, donde buscamos una exposición reducida a tipos de interés, diferenciales atractivos y una elevada protección del capital invirtiendo en los tramos más senior, con crédito a tipo fijo en los tramos medios de la curva.
En el plano sectorial seguimos rotando gradualmente las carteras desde el sector financiero hacia el crédito corporativo, tras la fuerte compresión de diferenciales que han experimentado las entidades en los últimos años y la convergencia de sus valoraciones con las del resto del mercado.
Hemos incrementado además la exposición a pagarés corporativos, un nicho donde la capacidad de análisis es determinante y que, por su baja duración y su rentabilidad, refuerza el perfil de las carteras.
El abanico de escenarios sigue siendo amplio, pero nos enfocamos en la calidad de lo que compramos. Nuestras carteras están construidas para perdurar. En Santalucía Asset Management mantenemos nuestra filosofía basada en la disciplina, la gestión activa y la diversificación.



