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Volatilidad de un fondo: qué indica y cómo interpretarla

8 min.
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4 Feb. 2026

Cuando un inversor compara fondos de inversión, uno de los datos que siempre aparece es la volatilidad de un fondo. Sin embargo, no siempre se entiende bien qué implica ni cómo utilizarla para tomar mejores decisiones. La volatilidad no es buena ni mala por sí misma: es una herramienta para medir el comportamiento del fondo y su nivel de riesgo, y debe interpretarse siempre en relación con el horizonte temporal y el perfil del inversor.

En este artículo explicamos cómo interpretar la volatilidad de un fondo, cuándo debe preocupar y cuándo puede ser una aliada para alcanzar objetivos de largo plazo.

Qué significa la volatilidad en un fondo de inversión

La volatilidad de un fondo mide cuánto fluctúa su rentabilidad en un periodo determinado. Es decir, indica la intensidad de las subidas y bajadas que puede experimentar el valor liquidativo del fondo.

Un fondo con alta volatilidad:

  • Presenta movimientos más bruscos
  • Puede generar mayores ganancias… o pérdidas temporales en el corto plazo
  • Exige mayor tolerancia emocional del inversor

Un fondo con baja volatilidad:

  • Tiene una evolución más estable
  • Reduce sobresaltos a corto plazo
  • Suele ofrecer un potencial de rentabilidad más moderado

Por tanto, la volatilidad no mide rentabilidad, sino variabilidad del comportamiento.

Un ejemplo práctico cuando consultas la ficha de un fondo y ves una volatilidad del 15%, esto te indica que históricamente el fondo ha experimentado variaciones considerables en su precio. No es lo mismo un fondo monetario con una volatilidad del 0,5% que un fondo de renta variable emergente con un 25%. El primero tendrá un comportamiento mucho más estable día a día, mientras que el segundo puede experimentar movimientos bruscos.

Este dato suele calcularse sobre la rentabilidad de los últimos tres o cinco años y se expresa en porcentaje anualizado. Es importante recordar que la volatilidad pasada no predice la futura, pero sí ofrece una referencia útil sobre el comportamiento histórico del fondo.

Cómo se calcula la volatilidad de un fondo

Desde un punto de vista técnico, la volatilidad se calcula como la desviación estándar de las rentabilidades del fondo en un periodo concreto, normalmente anualizado.

El proceso es el siguiente: se toman las rentabilidades del fondo en intervalos regulares (generalmente mensuales), se calcula la rentabilidad media del período y después se mide cuánto se desvía cada dato individual respecto a esa media. Cuanto mayores sean esas desviaciones, mayor será la volatilidad del fondo.

Además de la volatilidad absoluta, existen otros indicadores relacionados como la volatilidad relativa comparada con un índice de referencia o el tracking error, que mide cuánto se desvía el fondo de su benchmark

Volatilidad y perfil de riesgo del inversor

La volatilidad de un fondo debe alinearse con tu perfil de riesgo y tus objetivos de inversión.

Perfil conservador: este inversor prioriza la preservación del capital y no tolera bien las oscilaciones bruscas, debería orientarse hacia fondos con baja volatilidad: monetarios, de renta fija de corto plazo o mixtos defensivos.

Perfil moderado: suele buscar un punto intermedio con fondos mixtos o fondos de renta variable globales con volatilidades medias que permitan cierto potencial de revalorización sin asumir oscilaciones extremas.

Perfil agresivo con horizonte temporal largo puede asumir fondos con volatilidad elevada, como los de renta variable puros. Estos inversores entienden que las fluctuaciones a corto plazo forman parte del proceso y confían en que, a largo plazo, la rentabilidad esperada compense ese mayor riesgo.

Diferencias entre fondos con volatilidad alta y baja

Los fondos con baja volatilidad ofrecen estabilidad y previsibilidad. Su valor fluctúa poco, lo que facilita la planificación financiera y permite dormir tranquilo. Sin embargo, esta estabilidad suele venir acompañada de rentabilidades más modestas a largo plazo. Son apropiados para objetivos a corto plazo, para la parte defensiva de una cartera o para inversores que no pueden permitirse pérdidas significativas.

Los fondos con volatilidad alta, por su parte, presentan oscilaciones pronunciadas que pueden resultar incómodas. En períodos de caídas del mercado, estos fondos suelen sufrir más que la media. Pero históricamente, asumir mayor volatilidad ha venido recompensado con rentabilidades superiores a largo plazo.

La diferencia también se nota en el timing. En un fondo de baja volatilidad, el momento exacto de entrada o salida importa menos; en fondos muy volátiles, entrar en un pico o vender en un valle puede tener un impacto significativo en tu rentabilidad final.

También hay diferencias en cuanto a diversificación. Los fondos globales diversificados suelen mostrar volatilidades más contenidas que los fondos concentrados en un sector, región o estilo de inversión específico.

Cuándo tiene sentido asumir más volatilidad

Asumir más volatilidad puede tener sentido cuando:

  • El horizonte de inversión es largo
  • El inversor no necesita liquidez a corto plazo
  • El objetivo es el crecimiento del capital
  • Batir la inflación con tipos de interés bajos

Nos explicamos. Cuando el objetivo de inversión es superior a cinco años, el tiempo juega a tu favor: las fluctuaciones a corto plazo tienden a suavizarse y la rentabilidad esperada de activos más volátiles (como la renta variable) suele superar a la de activos estables en períodos prolongados.

Si tu situación financiera es sólida, tienes un colchón de liquidez para emergencias y no necesitarás rescatar la inversión a corto plazo, puedes permitirte esperar a que los mercados se recuperen tras las correcciones. En este contexto, la volatilidad no representa un riesgo real de pérdida permanente, sino fluctuaciones temporales en el camino hacia tus objetivos.

También es razonable aceptar más volatilidad cuando estás en fase de acumulación y aportas periódicamente al fondo. En este caso, las caídas temporales te permiten comprar participaciones a precios más bajos, mejorando tu precio medio de entrada. Este efecto se conoce como dollar cost averaging.

Por último, si buscas rentabilidades superiores a la inflación, especialmente en un entorno de tipos de interés bajos, necesitarás asumir cierto nivel de volatilidad. La clave está en encontrar el equilibrio adecuado entre el riesgo que estás dispuesto a asumir y la rentabilidad que necesitas para alcanzar tus metas financieras.

En estos casos, la volatilidad puede ser el precio a pagar por un mayor potencial de rentabilidad. La clave está en mantener la inversión durante los periodos de caídas, evitando decisiones impulsivas.

Preguntas frecuentes acerca de la volatilidad de un fondo

¿Qué es la volatilidad de un fondo de inversión?

La volatilidad de un fondo de inversión mide cuánto varía su rentabilidad a lo largo del tiempo. Indica la intensidad de las subidas y bajadas del valor liquidativo y ayuda a evaluar el nivel de riesgo del fondo.

¿Qué volatilidad es buena en un fondo de inversión?

No existe una volatilidad ideal para todos los casos. La volatilidad adecuada depende del perfil de riesgo del inversor, el horizonte temporal y el objetivo de la inversión.

¿Es mejor invertir en un fondo con volatilidad alta o baja?

Depende del objetivo. Los fondos con baja volatilidad ofrecen mayor estabilidad y son adecuados para el corto plazo, mientras que los fondos con alta volatilidad pueden ofrecer mayor rentabilidad a largo plazo asumiendo más oscilaciones.

¿La volatilidad significa que puedo perder dinero?

La volatilidad implica fluctuaciones temporales en el valor del fondo, no pérdidas permanentes. El riesgo real surge cuando se vende en momentos de caída o cuando el plazo de inversión es demasiado corto.

¿Cuándo conviene asumir más volatilidad en una inversión?

Conviene asumir más volatilidad cuando el horizonte de inversión es largo, no se necesita liquidez a corto plazo y el objetivo es hacer crecer el capital por encima de la inflación.

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