Las claves para elegir un fondo de inversión pasan por el objetivo de la inversión, el horizonte temporal, la periodicidad, la liquidez y el buen asesoramiento.

Como sabemos que el momento para elegir un fondo de inversión puede llegar a ser complicado, queremos ayudarte a tomar esta importante decisión de planificación financiera con cinco sencillos pasos.

  1. Objetivo definido: ¿para qué quieres invertir? Es importante tener clara cuál es nuestra meta, porque ello determinará el tipo de fondo de inversión que debemos elegir. No es lo mismo ahorrar e invertir para la jubilación, para comprar una vivienda o un coche o para los estudios universitarios de los hijos.
  2. Horizonte temporal: el paso anterior nos lleva a fijar un horizonte temporal a nuestra inversión. Esto es, el plazo de tiempo que se dispone para invertir. Si el dinero no lo necesitas en un plazo mínimo de 3 años, entonces  puedes optar por fondos de inversión a largo plazo. En este sentido, los datos demuestran que la renta variable  es el activo  más rentable si contamos con un horizonte temporal amplio. El tiempo juega a favor de las inversiones gracias al impacto del interés compuesto, por el que las ganancias generadas se van sumando al capital invertido haciendo que, año tras año, el importe sobre el que aplicar los intereses sea más elevado. Para que se entienda de forma sencilla. Una inversión de 3.000 euros en un fondo con una rentabilidad media anual del 10%, supone unos retornos de 300 euros. Al siguiente año, el cálculo de los intereses será sobre 3.300 euros, y así, sucesivamente.
  3. Aversión al riesgo: es de obligado cumplimiento conocer el perfil de riesgo del inversor. Para ello, antes de empezar a invertir hay que cumplimentar los llamados test de conveniencia o test de idoneidad que determinan con más precisión cuál es el producto de inversión más adecuado según el perfil de riesgo de cada inversor.
  4. Liquidez vs ahorro periódico:  es importante no quedarse sin liquidez en el día a día o para atender imprevistos. El ahorro invertido debe ser una cantidad que no necesites en el corto plazo. No importa la cantidad: 20 euros, 50 euros ó 100,  lo importante es que sea constante, un ahorro periódico. Es decir, crearnos el hábito del ahorro y hacer de ese importe un recibo más al mes, como el del teléfono o de la electricidad, convirtiéndolo en un gasto fijo. De este modo será más cómodo y sencillo alcanzar el objetivo financiero, ya que si se espera a acumular una cifra elevada antes de empezar a invertir, es fácil que se encuentre una excusa para gastarlo para un fin distinto. Tampoco hay que cometer el error de ahorrar con lo que sobra a final de mes, después de gastos fijos (vivienda, colegio, comida…) y variables (ocio, vestimenta, veterinario…), porque nuevamente se corre el riesgo de volver a aplazar la decisión. Además, el ahorro periódico permite diversificar las entradas en el mercado financiero y, por tanto, comprar a diferentes precios.
  5. Asesor financiero: con todo esto claro, ya se puede elegir el fondo de inversión adecuado. No debemos dejarnos guiar por recomendaciones no profesionales. Si no tienes los conocimientos financieros adecuados, lo ideal es  ponerse en manos de un profesional. Y por supuesto que los fondos elegidos estén gestionados por equipos profesionales de primer nivel: ellos son los que saben buscar resultados consistentes en el tiempo. ¿Acaso uno no va al médico cuando tiene una dolencia o al abogado cuando tiene un problema legal?

Puedes encontrar más información sobre nuestros fondos en nuestra Carta Trimestral del último trimestre de 2019, donde además de un balance de ese periodo, ofrecemos una visión de lo que será el primer trimestre de este año.

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